El Huemul: Tras los pasos del ciervo del Escudo

Por: Evelyn Pfeiffer / Periodista y Fotógrafa
Contacto: @evelynpfeiffer

Me acerqué de a poco, deteniéndome de vez en cuando y procurando no mirarlo fijamente, para no intimidarlo. Él seguía concentrado comiendo, pero sin perderme de vista en ningún momento, siempre atento a correr, en caso de que yo representara un peligro. Estaba a pocos metros, lanzando algunos disparos con mi cámara, pero más que nada empapándome de un encuentro mágico y único, olvidándome de todo lo que ocurría a mi alrededor. Me sentía como la mujer más privilegiada del mundo —o al menos de Chile— de poder estar frente a frente a un huemul. Un acto entre patriótico y heroico, porque no conocía a absolutamente a nadie de mi círculo de familiares o amigos, que hubieran tenido ese privilegio.

Huemules

Aunque lo heroico fue más bien una mezcla de paciencia, fatiga y fortuna. Me había quedado atrás en la caminata en uno de los senderos de la Reserva Nacional Tamango, jadeando tras una subida empinada. Mis hermanos iban más adelante y de seguro me estaban esperando bajo alguna sombra, para capear el calor inusual de aquel día. No tenía intención alguna (ni fuerzas) de apurarme, así que continué caminando despacio y cabizbaja, cuando me asusté con un movimiento entre la vegetación. Ahí lo vi: un macho imponente y esbelto, con una capacidad impresionante de camuflaje. Comía tranquilo y ni siquiera reaccionó ante mi presencia “¡¿Cómo no lo vieron mis hermanos?! ¿Y si voy a buscarlos? ¿O tal vez el regalo es sólo para mí y mejor quedo aquí quieta?”, pensaba. Y decidí lo último, quedarme inmóvil, disfrutando de mi regalo patagónico.

Cuando decidí acercarme, se alzó mirándome fijo con sus ojos negros, su presencia gallarda y sus astas pequeñas, pero intimidantes. Yo me quedé paralizada y con el corazón acelerado, pero tratando de transmitirle toda la confianza de que jamás le haría daño. Quizás me leyó los pensamientos o, simplemente, no le parecí una molestia, ni una amenaza, porque decidió ignorarme y seguir comiendo, pero su mirada desafiante fue un claro “te acercas hasta ahí no más”.

Huemul

A lo lejos vi que se aproximaban mis hermanos, probablemente a buscarme preocupados, o más bien enojados. Les hice señas para que se detuvieran y entendieran que estaba frente a ese animal que llevábamos buscando todo el día, ya agotados, frustrados y hambrientos. Lo entendieron de inmediato y avanzaron sigilosos, sin emitir ruido alguno, hasta quedar a pocos pasos de mi lado. Nos sentamos en el suelo sonriendo embobados, siempre en silencio y sólo intercambiando algunas miradas de triunfo y felicidad.

Pasamos unos 15 minutos así, evitando movernos, hasta que el huemul comenzó a alejarse muy tranquilo de nosotros, como si hubiera recordado de pronto que tenía asuntos pendientes. Dio un salto ágil entre los arbustos, comenzó a trepar por una loma, lo perdimos de vista un rato y ahí volvimos a verlo acompañado de una hembra. Voltearon brevemente para mirarnos y continuaron su camino cuesta arriba, sin prisa, hasta que los perdimos. Esa fue nuestra despedida y, sin duda, uno de los mejores recuerdos de nuestro viaje, de esos que te sacan una sonrisa por siempre.

¿Dónde verlos?

Hay tres lugares que son claves en Carretera Austral. Primero el Portezuelo Ibáñez, a menos de una hora de Coyhaique, donde frecuentan algunos ejemplares que viven en este sector y han aprendido a convivir a pocos metros del paso de los autos. Aquí verás señalética que pide tener precaución al manejar, ya que es usual que se cruce alguno de estos animales. De hecho han existido varios atropellos, todos con consecuencias fatales. La clave es ir lento, tener mucha paciencia y buena vista, para distinguirlos en su camuflaje.

Otro de los lugares claves es a 6 km de Cochrane y 350 km al sur de Coyhaique, en la Reserva Nacional Tamango, que tiene una de las mayores concentraciones de ejemplares de la región. De todas formas no es una tarea fácil, ni se puede garantizar un avistamiento, porque apenas se calcula una población de 50 huemules, repartidos en 6.925 ha.

Huemul

Otro lugar clave es el camino que lleva a Villa O’Higgins, cruzando el fiordo Mitchell, donde suele cruzarse en la ruta algún ejemplar. Eso sí, procura tener mucha precaución en este sector, porque abundan las pendientes y las curvas peligrosas.

¿Sabías qué?

• Su nombre científico es Hippocamelus bisulcus y en latín Hippocamelus significa caballo-camello, nombre que resulta bastante extraño para este animal que pertenece a la familia de los Cervidae, dando cuenta del desconocimiento que se ha tenido desde siempre sobre este animal. De hecho en 1834 se aprobó nuestro actual escudo nacional, estableciendo que tendría como soporte un huemul a la derecha y un cóndor a la izquierda, pero en muchos escudos, en vez de huemul parece un caballo, con melena y cola larga.

• Nuestra poetiza Gabriela Mistral escribió el texto “Menos cóndor más huemul”, donde hace una certera descripción: “el huemul es una bestezuela sensible y menuda; tiene parentesco con la gacela, lo cual es estar emparentado con lo perfecto. Su fuerza está en su agilidad. Lo defiende la finura de sus sentidos: el oído delicado, el ojo de agua atenta, el olfato agudo. (…) El huemul quiere decir la sensibilidad de una raza: sentidos finos, inteligencia vigilante, gracia”.

• El turismo puede ser un impacto nocivo para estos animales, si no se realiza un avistamiento responsable. Se debe observar en silencio, no rodearlos y tener un tiempo de observación corto, ya que el animal se estresa, afectando su salud.

infografia huemul

 

Club de Amigos Carretera Austral
Club de Amigos de Carretera Austral HAZTE MIEMBRO AQUÍ

Tu Nombre Completo (requerido)

Tu Correo (requerido)

 
 

Comenta en Facebook

Facebook