Catedral de Mármol

Por: César Barrientos U. | Ejecutivo de Ventas
Fuente: cbu@geoturismopatagonia.cl

La Catedral de Mármol debe ser uno de los tesoros naturales más alejados del mundo, una serie de cavernas esculpidas en el Lago General Carrera, en la Carretera Austral, ubicadas en la Patagonia Aysén.
La visión de las columnas en tonos blanco y negro reflejadas en las aguas azul celeste del lago, es el sueño de todo fotógrafo, y da pie a las afirmaciones que indican que estas son las cavernas más hermosas del mundo.
Para los fotógrafos entusiastas o los aventureros ávidos, el llegar hasta esta red de cuevas toma días de arduo viaje a través de uno de los parajes más desolados del mundo, pero la recompensa bien vale el esfuerzo.

 

 

El camino más fácil para llegar a la Catedral de Mármol es volando a Coyhaique, a la capital de la Patagonia. Desde ahí, hay que avanzar otros 220 kilómetros por la Carretera Austral – obra de ingeniería que conecta a gran parte de la Patagonia y hace posible esta aventura – hasta alcanzar el pueblito de Puerto Río Tranquilo, en el lado occidental del lago General Carrera. Este enorme lago, situado entre Chile y Argentina, es la segunda fuente de agua dulce más grande de Sudamérica.
Por lo general, los guías llevan hasta cinco personas a través del lago hasta el rincón que alberga la Catedral de Mármol. El viaje dura hora y media.
Las cavernas consisten de tres formaciones; la más grande es La Catedral, seguida por La Capilla y La Cueva.
La fotógrafa estadounidense Linde Waidehofer ha visitado las cavernas una docena de veces y publicó un libro con sus fotografías del lugar, llamado Luz Azul. Ella suele traer estudiantes de fotografía de todo el mundo para que practiquen este arte en las cuevas.

 

Comenzamos el día al interior de las #CapillasDeMármol

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Posted by Carretera Austral on jueves, 25 de mayo de 2017

 

“La experiencia es siempre distinta”, contó Waidehofer en una entrevista reciente con el periódico británico The Mail Online. Según ella, “tanto la luz como el nivel del agua del lago, te están desafiando continuamente… el agua misma puede variar de turquesa a un azul profundo dependiendo del clima y la época del año”, afirmó.
Los lugareños sostienen que la mejor época para ver las cuevas es al final del verano o a principios del otoño, entre febrero y abril, cuando los botes pueden explorar con mayor facilidad las formaciones de roca. Pero a Waidehofer también le gusta ir al principio de la primavera. “Entonces el nivel del agua del lago está en su punto más bajo porque los glaciares de los alrededores aún no han comenzado a derretirse… La luz se refleja de un modo totalmente diferente al del resto del año, cuando el agua de los glaciares hace subir los niveles del lago más de un metro”, explicó.

 

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