5 días por el lago más hermoso de Carretera Austral

Por: Evelyn Pfeiffer / Periodista y Fotógrafa
Contacto: epe@carretera-austral.net

¿De derecha a izquierda o de izquierda a derecha? Observamos una y otra vez el mapa mientras discutimos por dónde comenzar la ruta. Después de una larga discusión decidimos partir de izquierda a derecha, cruzando en ferry hasta Chile Chico, pero torpeza nuestra no compramos a tiempo nuestra reserva para el ferry y no había cupo hasta una semana más. Descargamos nuestra ira y frustración contra la señorita que vendía los pasajes, pero ella no se inmutó y simplemente nos dijo indiferente “esto es la Patagonia, no es Santiago”.
Frase punzante, pero que será nuestra gran lección para el resto del viaje: la Patagonia es diferente a cualquier otro destino. Se dice que es caprichosa, desafiante, impredecible, que no hay que apurarse porque uno pierde el tiempo y que siempre hay que estar abierto al cambio de planes.
Y así, con mentalidad patagona, comenzamos la travesía para bordear este lago, el más grande de Chile, uno de los más grandes de Sudamérica y uno de los cinco lagos binacionales que compartimos con nuestros vecinos. Lago General Carrera del lado chileno. Lago Buenos Aires del lado argentino. Chelenko para los ayseninos.

COMIENZO DEL RECORRIDO
Nuestra primera detención es en Villa Cerro Castillo, ubicada a los pies del cerro homónimo, que se ha convertido en la montaña icónica de Aysén por sus formas antojadizas que lo asemejan a un castillo. A su alrededor se puede realizar un trekking de 4 días, que promete convertirse en uno de los más famosos de Chile. El recorrido es recomendable hacerlo con guías o agencias, porque la infraestructura es básica y aún está escasamente señalizado. No es un recorrido para novatos, nos advirtieron en varias ocasiones.
Una opción por el día es llegar a la laguna de origen glaciar a los pies de este imponente cerro, con una vista espectacular al cerro, su glaciar colgante y al valle del río Ibáñez, sin duda el hito más importante de todo el recorrido. Por tiempo elegimos esta alternativa. La caminata es exigente, porque es siempre en subida y, en el último tramo, debemos sortear una eterna morrena, de esas que dejan las piernas cansadas, la respiración entrecortada y que uno se cuestione el “¿qué hago aquí?” y el “por qué no fui al gimnasio antes”, pero todas las lamentaciones se olvidan allá arriba, con una de las vistas más espectaculares de toda la Patagonia.

FRENTE A FRENTE CON EL LAGO
Hasta Villa Cerro Castillo son 110 kilómetros de camino pavimentado. A partir de aquí la ruta es de ripio, con bastantes curvas y calamina. Además debes considerar que existe un corte programado por obras de pavimentación de lunes a viernes de 13:30 a 18:30 hrs, que comienza al sur de Villa Cerro Castillo y se extiende por 33 kilómetros.
Avanzamos lento con una velocidad promedio de 40 a 50 km/hr, pero la ruta nunca se hace monótona. Siempre hay algo digno de admirar, un río, una quebrada, una montaña, un gaucho a caballo. A ratos cae un poco de lluvia, a ratos se despeja.
Unas dos horas más allá aparece un primer brazo de este lago y ya quedamos asombrados por su color. Seguimos avanzando ansiosos para tener una mejor vista, hasta que después de una curva tenemos ante nuestros ojos aquel paisaje que, como nos decían, ninguna foto logra hacerle justicia. Un verdadero e inmenso mar de color turquesa que las nubes embellecen aún más con claros de sol y zonas nubladas. Un verdadero espectáculo de colores que nos sigue hasta Puerto Río Tranquilo, donde alojamos en unas sencillas cabañas a orillas del lago.
A la mañana siguiente nos sentamos a observarlo desde la orilla mientras una incesante lluvia cae sobre nuestras cabezas. El paisaje tranquilo del día anterior hoy se ve furioso, con grandes olas y las montañas tapadas. Imposible navegar, pero decidimos probar suerte y enfilar hacia Valle Exploradores.
El camino es estrecho (en muchas partes no pasa más que un auto) y a medida que se avanza hacia la costa, se pone cada vez más verde, más bosque, ríos, riachuelos y saltos de agua. A ratos se detiene la lluvia y deja ver glaciares colgantes que nos rodean por todas partes. 52 kilómetros más allá llegamos a la entrada al mirador del glaciar exploradores, donde un guía nos convence de hacer una caminata en hielo sobre el Glaciar Exploradores.
Partimos el trekking bajo una fina lluvia a través de una empinada ruta hasta el mirador. Apenas nos detenemos para seguir camino, esta vez bajando por resbalosas piedras, hasta llegar a una ruta plana, pero siempre sobre piedras que son las huellas que ha dejado el retroceso de este glaciar. Este glaciar es diferente a los usuales, no cae sobre el mar, ni ha dado origen a un gran lago. Esto es hielo, rocas, pequeñas lagunas y riachuelos. Caminamos hasta llegar al hielo sucio (hielo con piedras), hasta que el avance se hace peligroso y debemos ponernos crampones. ¡Ya estamos sobre hielo! Y la Patagonia nos hace un regalo: comienza a despejarse y podemos ver sus tonos azules, blancos, grietas, sumideros y el Monte San Valentín de fondo, el más alto de la Patagonia. Pero la Patagonia también nos recuerda que su belleza es ruda, a veces ráfagas de viento tratan de botarnos, a ratos nos asusta cuando el glaciar cruje.
Comemos un snack ahí sobre el hielo y empezamos a retornar, cansados, pero sonrientes.

ACERCARSE AL MÁRMOL
La mejor hora para visitar el Santuario de la Naturaleza Capilla de Mármol es bien temprano en la mañana, cuando hay poco viento, el lago tiene pocas olas y el sol les llega de frente.
Pero al parecer madrugamos demasiado, porque a las 8:30 aún todos los puestos están cerrados y debemos esperar. De todas formas somos el primer bote en salir y el tiempo está perfecto. Avanzamos alrededor de 40 minutos hasta que nuestro guía nos indica que al frente nuestro están las cavernas de mármol. Las caras reflejan claras señales de decepción. Pero a medida que nos acercamos podemos ver los colores, la textura y distinguir el mármol más puro (de color blanco).
El bote sigue avanzando y el lugar es muchísimo más espectacular que el anterior y entramos por una cueva, quedando rodeados de mármol, el agua transparente y que refleja la luz que se filtra entre las formaciones. A medida que seguimos avanzando, la emoción va creciendo. Más cavernas, luego la capilla de mármol, luego la catedral. Casi dos horas de navegación y una postal imperdible cuando uno visita este lago.
El regreso al poblado ya no es tan tranquilo. Ya salió algo de viento y vamos saltando entre las olas. “Esto no es nada, pero ésos se van a marear de regreso”, nos dice el guía riendo, mientras nos indica los botes con turistas que recién vienen saliendo.

HACIA CHILE CHICO
Desde la Carretera Austral tomamos el camino hacia el oriente que nos llevará hacia Chile Chico. En total 142 kilómetros de ripio, siempre bordeando el lago y siempre con un paisaje fascinante. Entre Mallín Grande y el poblado de Fachinal se encuentra el paso de las llaves, uno de los lugares más impresionantes del camino. En total son 30 kilómetros de curvas en 90 grados, sobre interminables precipicios y un lago General Carrera que se ve desde lo alto.
Chile Chico es conocido por su microclima, que regala muchos días de sol y temperaturas moderadas. Gracias a esto la agricultura es la mayor fuente de ingresos para sus 5.000 habitantes, con productos típicos de la zona central del país. Pero donde también destaca la cereza, que le ha entregado bastante fama a este lugar.
La Reserva Nacional Lago Jeinimeni es el lugar favorito de los turistas, aunque continúa siendo una de las áreas protegidas menos visitadas en Chile con no más de 300 visitas al año. Cuesta creer la cifra, si consideramos la gran belleza que nos encontramos: 4 ecosistemas (bosques caducifolios, bosques siempre verde, estepa y altas cumbres), una enorme cantidad de cóndores y águilas, la laguna Jeiminemi que parece un espejo de color Calipso, pinturas rupestres, paisajes que parecen lunares con formaciones rocosas muy extrañas y vistas panorámicas inmejorables.

Otra opción es cruzar hacia Los Antiguos en Argentina, ubicado a escasos 5 kilómetros de Chile Chico. Lamentablemente no tenemos más días y debemos tomar el ferry para cruzar el lago hasta Puerto Ingeniero Ibáñez para completar nuestra vuelta al lago por el lado chileno. Navegamos por cuatro horas hasta Puerto Ingeniero Ibáñez (lo usual son dos horas y media), luchando contra el fuerte viento y un movido oleaje, que nos hacen sentir por última vez la inmensidad de este lago. El Chelenko nos despide con la fiereza de un gigante.

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